Antes de tocar una planilla conviene acordar el punto de partida. En el onboarding definimos qué pregunta querés responder, con qué datos contás hoy y en cuánto tiempo necesitás una respuesta revisable. No es una reunión de presentación: es la primera sesión de trabajo, y de ella sale un plan con supuestos escritos, responsables y fechas.
En la etapa de onboarding conviene dejar claras algunas definiciones para evitar malentendidos durante el trabajo. Nada de esto es un obstáculo: son acuerdos mínimos que hacen que el resto del recorrido sea comparable y revisable por cualquiera del equipo.
Cuando hablamos de viabilidad nos referimos a la coherencia entre una idea, sus supuestos y la evidencia disponible. No es un veredicto sobre si el proyecto va a funcionar, sino un documento que muestra dónde hay sustento y dónde solo hay intuición. Si un supuesto no se puede contrastar con datos, lo dejamos anotado como tal.
La pre-factibilidad cubre sondeo de demanda, planilla de costos fijos y variables, y estimación de un punto de equilibrio con dos escenarios. No incluye implementación, desarrollo de producto ni campañas. Si durante el proceso aparece una decisión que excede ese alcance, la señalamos y la dejamos fuera del documento final.
Cada número de la planilla lleva su fuente y la fecha en que se relevó. Los supuestos que aporta el equipo se marcan como tales, no como datos verificados. La revisión posterior es responsabilidad de quien va a decidir; nuestro rol es dejar el material ordenado para que esa revisión sea posible. Ver también cómo trabajamos.